LAS PERLAS: UN POBLADO QUE SE SIENTE EN EL OLVIDO

Viven unas 10.000 personas con escasos servicios. Los avances se han logrado a fuerza de reclamos, dicen.

Los vecinos de Las Perlas están preocupados porque manifiestan que, una vez más, son víctimas de un conflicto político que los mantiene abandonados desde hace años. El servicio de energía eléctrica es ahora el eje central que los mantiene en alerta pero no es el único problema con el que conviven diariamente. Es que tampoco cuentan con cloacas, ni red de agua potable. Mucho menos con gas natural. La asistencia hospitalaria es deficiente, al igual que el servicio de recolección de basura y el transporte público para las 2 mil familias que habitan en el sector y que sienten que la zona es «tierra olvidada» por el Estado.

 

Laura vive en una precaria casita, a medio terminar, ubicada sobre la calle Lorenzo Urra de Las Perlas. Es ama de casa y aunque su marido no tiene trabajo estable, logran mantener a sus dos hijos «haciendo changas». Recibió el terreno heredado de su padre, que lo obtuvo como regalo de Miguel Lembeye, fundador del poblado. A pesar de que sus ingresos son bajos, hace años que esperan contar con un medidor legal. «Nosotros hemos pedido el medidor pero no nos dieron respuesta», cuenta. Además, la baja tensión es un problema constante ya que «la energía no alcanza para todos, acá somos seis familias alimentadas por la misma toma, con un solo interruptor», especificó.

 

Walter es electricista y tiene un lubricentro a metros de la casa de Laura. Está casado y vive con sus tres hijos, con los que se mudó a Las Perlas por un tema de seguridad. «Antes vivíamos en un complejo de departamentos en Neuquén pero nos cansamos de la inseguridad», relata. Como tantos otros, hace años que pide un medidor. «Estamos cansados de la ausencia del estado, acá estamos desamparados, esto es tierra olvidada», afirma con enojo y resignación, mientras cuenta que no pudo votar porque, como tiene domicilio legal en Las Perlas, le corresponde emitir su voto en Cerro Policía, ubicado a 120 km. «No pusieron transporte ni nada, yo no puedo hacerme un viaje hasta allá solamente para ir a votar», explicó.

 

Por otro lado, Lilia vive en la zona conocida como 33 Hectáreas. Cuenta que la baja tensión muchas veces no permite el uso de lavarropas o heladeras. Pero también aborda otro tema central, que es la recolección de residuos. «Luego de insistir logramos que venga un recolector que pasa tres veces por semana», relató. «Pero el tema es que acumulan toda la basura en contenedores ubicados cerca de la entrada al barrio y se produce un basural que nos preocupa, es un foco de infecciones importante», aseguró la vecina.

 

Todos los testimonios recopilados por «Río Negro» coincidieron en la falta de predisposición del Estado. «En una parte dependemos de El Cuy, luego nos incluyeron en Cipolletti, pero la provincia no nos entrega los títulos, Edersa y el EPRE no dan respuestas y CALF quiere retirarse», afirmaron. La burocracia los superó y aseguran que «a quien quiera que pidamos respuesta, nos dice que no es su jurisdicción, que no les corresponde, se pasan la pelota de acá para allá, la verdad es que nos sentimos rehenes en esta situación».

 

En Las Perlas la inacción del Estado supera a los vecinos, que manifiestan que sin una política clara respecto al tema, «sólo nos resta la voluntad individual, destinada al agotamiento, mientras que sin el compromiso individual, las decisiones de los gobernantes podrían avanzar por ensayo y error, o por clientelismo», razonó Lilia.

 

Los reclamos de los habitantes son históricos pero también lo son las soluciones que siempre llegan a cuentagotas.

 

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