ENERGÍAS RENOVABLES: UN PRESENTE VERDE OSCURO

Energia Verde

El año de las energías renovables. Ese fue el lema que, durante 2017 impuso el gobierno para avanzar en las metas fijadas en el uso de energías limpias. Conscientes de que no lograrían llegar a la primera etapa que imponía un 8% para diciembre de 2017 (Ley 27.191), las autoridades nacionales reorientaron el objetivo para 2018, sin abandonar la idea de alcanzar 20% de consumo renovable en 2025.

Aunque el país tiene gran potencial, la participación de energías renovables en la matriz eléctrica nacional no alcanza el 2%. En esta cifra mucho tiene que ver el porcentaje de obras adjudicadas en el Programa RenovAr que no sólo están detenidas, sino incluso aún por comenzar. “El programa se mostró exitoso en convocar inversores y bajar precios, pero en la construcción de los proyectos existen varios inconvenientes, sobre todo con los financiamientos a partir de la suba de tasas a nivel internacional”, reconoce Marcelo Álvarez, presidente de la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER). Para el directivo, el financiamiento en Argentina es un tema a resolver que requiere “una baja en las condiciones de tasas de interés y plazos de devolución de los préstamos”.

Según Gustavo Gil, ex director de energías renovables del INTI y actual gerente de la empresa EIBN, “los complicados son los que tramitaron garantías del Banco Mundial o que no tenían financiamiento cerrado, porque estos proyectos de capital intensivo necesitan inversiones al inicio y un repago de largo plazo”. Al parecer, la mayoría de los proyectos había estructurado el financiamiento a tasas entre 7% y 9%, “pero se hizo muy complejo conseguir esos números para Argentina con las posibilidades especulativas que ofrece”, explica. Y añade: “sacando los de la Ronda 1 que estaban bien estructurados desde hace 6 años, en el resto, la mayoría se ve afectada por el cierre financiero, o sea, no son capaces de terminar de estructurar el financiamiento”.

“Una cantidad importante no comenzó y otra no cumple con los plazos comprometidos, no sólo por falta de financiamiento, sino también por inconvenientes técnicos o demoras en las decisiones”, aporta Gerardo Rabinovich, vicepresidente 2° del Instituto Argentino de la Energía – General Mosconi. En consecuencia, sostiene que “con un compromiso de inversión que no se materializó en porcentajes apreciables, en este momento no se ve actividad de obra que permita suponer el 8% deseado para diciembre”.

Entre público y privado. Hacia finales de 2017 se había avanzado más rápido en incorporar oferta termoeléctrica que energía limpia. En este sentido, en octubre de ese año, la Secretaría de Energía Eléctrica del Ministerio de Energía adjudicó 9 proyectos por 1.304 MW para incorporar nueva generación de energía eléctrica eficiente.

Algo similar ocurrió en renovables, con emprendimientos combinados de energías limpias por 4.966 MW, de los cuales 2.911 MW corresponden a eólica y 1.742 MW a solar. De ese total, indican fuentes privadas del sector, pocos entraron en operaciones comerciales, aunque se espera que la mayoría funcione para 2020/ 2022.

No obstante, ya se perfilan algunos jugadores clave. En energía eólica, por ejemplo, se posicionan Genneia, con 5 obras; Envision, con 4; CP Renovables (Central Puerto), con 3 y Parque Eólico Arauco e Isolux Ingeniería, con 2 cada uno. En solar, en tanto, aparecen EMESA (Mendoza), con 6 proyectos; 360 Energy, con 5; JEMSE (Jujuy) y Alejandro Ivanissevich, con 3; y Latinoamericana de Energía con 2.

De todas estas, 360 Energy es la compañía privada más destacada en adjudicaciones de obra; mientras que EMESA -la empresa mendocina de energía- lo es entre las públicas, ya que sumando la totalidad de proyectos presentados y adjudicados entre las 3 rondas, alcanza un total de 18 nuevas obras de energías renovables, entre pequeños aprovechamientos hidroeléctricos, parques fotovoltaicos y proyectos eólicos.

Un grupo selecto. Por supuesto, destaca Gustavo Gil, “las empresas más consolidadas no tienen inconvenientes de financiamiento”. Para el ex INTI, de los casi 20 proyectos de la Ronda 1.5, “el 65% de solares tiene problemas, mientras que la ecuación se invierte en eólico, donde el 70% marcha sin inconvenientes”.

“Algunos de los parques de la Ronda 1 y 1.5 ni siquiera comenzaron”, señala Marcelo Rodríguez, presidente de Latinoamericana de Energía; para quien la prórroga de 180 días que dio el Gobierno en los plazos de obra repercute negativamente en los que cumplen y se comprometen: “Si bien muchos usaron el Programa para especular, otros están en la etapa final del proceso”.

Rabinovich, en tanto, considera que los casos que están en construcción se deben “a que cuentan con financiamiento corporativo, es decir, son grupos con un patrimonio que les permite garantizar el préstamo bancario, como Pampa Energía, YPF o Genneia, entre otros”. De hecho, en junio, Genneia firmó un acuerdo de crédito a largo plazo por US$131 millones con entidades financieras internacionales de desarrollo para instalar aerogeneradores en 2 de sus parques eólicos y el préstamo se realizará bajo la metodología de Project Finance, por 15 años y 75% de deuda sobre el costo total de los proyectos. “Esto significa que los bancos no tendrán recurso contra la empresa, ya que su repago estará respaldado por el flujo de fondos a generar por los proyectos”, explica Alfredo Bernardi, gerente de Relaciones Institucionales de la compañía. En consecuencia, la firma se convierte en uno de los principales inversores en energías renovables de Argentina y, cuando finalice su obra del Parque Madryn, será el generador eólico más grande del país.

En resumen, finaliza el directivo del tradicional instituto Mosconi, “el panorama podría definirse como de gran interés por Argentina en energías renovables pero al momento de tomar decisiones con los capitales, problemas de diseño estructural y cuestiones macroeconómicas hacen que los proyectos no arranquen con la contundencia que se esperaba a partir de las subastas. Por lo que, diría, hemos quedados trabados”.

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